«La búsqueda de la verdad, la lucha por la justicia y los derechos de las personas más vulnerables está enraizado en lo más profundo de nuestro carisma»
Mónica Marco CSD participa en las sesiones CSW69 como parte de la delegación de las Hermanas Dominicas Internacionales
Durante el pasado mes de marzo, la familia dominicana estuvo presente en la sede de Naciones Unidas en Nueva York con motivo del 69º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW69). Mónica Marco, dominica de la Congregación de Santo Domingo, que colabora en el ámbito de los Derechos Humanos, participó en este importante foro internacional formando parte de la delegación de las Hermanas Dominicas Internacionales (DSIC), acompañada por la hermana Durstyne Farnan, representante permanente de la congregación en la ONU.
Desde su experiencia personal y profesional, comparte a continuación una crónica de lo vivido: el testimonio de una Iglesia comprometida con la justicia, que escucha, denuncia y trabaja en red para la defensa de los derechos de las mujeres en todo el mundo.
El pasado mes de marzo tuve la oportunidad de participar en el 69º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW69 por sus siglas en inglés) en la ONU en Nueva York. Lo hice formando parte de la delegación de las Hermanas Dominicas Internacionales (DSIC), junto con la hermana Durstyne Farnan, quien nos representa ahí de manera permanente.
Fue una experiencia muy enriquecedora. Por una parte, por ser una ocasión compartir vida y experiencia en materia de Derechos Humanos con hermanas dominicas de otras regiones del mundo. Por otra, por lo que CSW69 significó en términos de “abrir los ojos” a un contexto mundial más amplio a la realidad de la mujer en materia de derechos – que no son tan evidentes en todos los países del mundo -, y a una serie de problemáticas preocupantes hacia la mujer, que no dejan de afectar también a los niños y las familias. Por último, por acercarme más a la importancia de la participación de la Vida Religiosa, en este foro, como parte de las organizaciones de la sociedad civil, y, especialmente, comprobar por qué es coherente con nuestro carisma y lo necesaria que es la labor activa en este nivel de incidencia.
A lo largo de las diferentes conferencias, debates y eventos paralelos en los que tuve ocasión de participar, encontré grandes similitudes en aquellas cuestiones o problemáticas que más afectan a las mujeres en las diferentes regiones del mundo. Es increíble cómo aquello que nos afecta es mucho más común de lo que pensamos.
Me sorprendió mucho confirmar, desde diferentes perspectivas e incluso con datos, que en los últimos años se ha producido un claro retroceso mundial en materia de Derechos Humanos y, por lo tanto, de derechos de la mujer, incluso en los llamados “países del primer mundo”. La violencia de género aumenta a niveles sin precedentes, de la misma manera crece la violencia intrafamiliar hacia la mujer; el papel de la tecnología es cada vez más incierto y – cada vez más - sirve de puerta de acceso a situaciones de violencia y trata de personas; la IA está conduciendo a muchas mujeres y jóvenes a graves problemas de salud mental; la feminización de la pobreza; la necesidad de visibilizar el importante papel de las mujeres como cuidadoras (de niños, mayores y personas discapacitadas), el cual no está siendo reconocido ni remunerado; la lacra del matrimonio infantil sigue siendo un problema no abordado que conduce al abandono escolar, la violencia, la violación, los embarazos precoces y el tráfico de personas... El contexto global no parece hablar de progreso ni de estar en el camino para cumplir con la Agenda Global 2030.
La ONU no deja de ser un foro político, compuesto por representantes de 193 países, quienes tienden a hablar de los grandes avances y leyes de su propio país en favor de los derechos de la mujer, la igualdad de género, mejoras en las condiciones laborales, el acceso a la salud sexual y reproductiva… Las posturas oficiales, en no pocas ocasiones, son política, y son frustrantes para quienes las escuchamos. Estamos en un foro que dista mucho de ser perfecto. Pero, lo interesante, y a mi juicio, es la aportación de las organizaciones de la Sociedad Civil, que suelen ser mucho más realistas, contando con base en el terreno, información de primera mano… todas – o casi todas - las culturas y pueblos están representados.
Y aquí es donde “entramos en juego” nosotros, los religiosos. Somos actores clave en este tipo de foros, nuestro trabajo de incidencia en favor de los más vulnerables es mucho mayor de lo que pensamos. Fue muy bonito comprobar como organismos no religiosos reconocen en las entidades religiosas, un socio confiable que también aporta una sólida red sobre el terreno (aunque tenemos que trabajar para fortalecerlas aún más), y con suficiente información de primera mano como para elevar la voz de las comunidades y la vulneración de derechos que sufren. También la red que hay de congregaciones religiosas trabajando juntas, entre sí, y también con organizaciones de otras confesiones religiosas, pues el objetivo es común: la defensa de los derechos de las personas.
Más allá de las realidades, crudas la mayoría, que se presentaron y visibilizaron, se planteó con mucha fuerte otra tema importante: la necesidad de contar con mujeres en los lugares de toma de decisiones. Muchas veces ya (se dice que) se hace, pero en algunos lugares sólo para “marcar el check” y cumplir con el requisito de que haya mujeres en el proceso. No se trata de esto, sino de contar con las mujeres indicadas, formadas, con conocimiento del contexto que se habla… que sean quienes participen de lleno en la toma de decisiones. No se trata de entrar en el debate de “hombres o mujeres”, sino de reconocer, en cada uno, nuestras capacidades, sensibilidades y posibilidades de aportar en los temas relevantes a todos los niveles. También necesitamos más mujeres formando parte de los procesos de diálogo y reconstrucción de paz. Se trata de usar nuestras habilidades de diálogo y resolución de conflictos en este tipo de procesos de paz, también en los de mayor escala. Para lograrlo, necesitamos trabajar simultáneamente desde abajo (las comunidades) y desde arriba (la política). Algunas regiones ya han dado pasos muy interesantes, pero, en otras, todavía tenemos que sortear la complejidad de las raíces culturales muy patriarcales, y en algunos lugares todavía muy misóginas.
Para nosotros, dominicos, estar aquí es de especial importancia, pues la búsqueda de la verdad, la lucha por la justicia y los derechos de las personas más vulnerables está enraizado en lo más profundo de nuestro carisma
Necesitamos, pacíficamente, seguir trabajando para cambiar algunas mentalidades que van en contra de los derechos de las mujeres, que no son otros sino los derechos humanos. Y aquí, el papel de los religiosos y religiosas es especialmente importante. Para nosotros, dominicos, estar aquí es de especial importancia, pues la búsqueda de la verdad, la lucha por la justicia y los derechos de las personas más vulnerables está enraizado en lo más profundo de nuestro carisma. Estamos llamados a trabajar por un mundo mejor, más inclusivo y pacífico, sabiendo que, si no estamos nosotros para alzar la voz, ya estará otro, con otro tipo de intereses, para hacerlo.
Mónica Marco, CSD