Por pocos días ya, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) acoge una muestra de pintura y otra de fotografía que merecen una reflexión. La de pintura, a cargo del colombiano Fernando Botero son dos colecciones bien diferentes: “Abu Ghraib” y “El circo”. Separadas también físicamente, podemos ver en ambas una metáfora del mundo actual: mientras unos se divierten, parece explicar el artista, otros son torturados de forma violenta o, simplemente, sufren. En las pinturas de la colección Abu Ghraib –nombre de la prisión en Irak donde soldados norteamericanos maltrataron y torturaron a presos iraquíes- las redondeadas figuras que utiliza Botero sufren los horrores de un martirio sin sentido. Sus torturadores no dan la cara. Solo una mano o sí, los perros que fueron usados para maltratar y que ¿casi tienen rostro humano? si es que es humano actuar de esta forma.
Todo cambia al subir un piso del museo. Las imágenes de trapecistas, camellos, domadores, elefantes y funambulistas te hacen hasta cambiar de humor. En “El circo” el artista refleja también a sus ya famosos “gordos” en escenarios de los que podríamos llamar un circo clásico. Algo comparten las dos colecciones: los escenarios de cada cuadro son tan reducidos que, ya sea en las celdas iraquíes como bajo la carpa del circo, no escapas de una sensación de estrechez que acaba contagiando angustia.
Por su parte, la exposición de fotografía recoge imágenes del reportero gráfico -así los llamamos ahora- Luis Ramón Marín, que realizó su trabajo entre 1908 y el final de la Guerra Civil. ¡Ha cambiado tanto España desde entonces! Los rostros son tan antiguos... y sin embargo, de vez en cuando, una cara, una imagen o incluso, toda una historia contada en una sola foto nos acercan a aquellos hombres y mujeres que pisaron la misma tierra que nosotros, hace ya casi un siglo. La España de 1900… Abu Ghraib… Tan lejos y tan cerca.